
domingo, 25 de marzo de 2018
Sera quizás el miedo

domingo, 18 de marzo de 2018
Tan valientes

miércoles, 14 de marzo de 2018
El ángel caído

Su sala de enfermos era la mas delicada, a la que ibas a parar cuando las cosas se te ponían en verdad difíciles. Sin embargo, era la mas cuidada, luminosa y alegre del hospital. Susana se encargaba de que así lo fuera. Ya suficiente tenían con estarse muriendo, decía, no necesitaban hacerlo en un lugar horrible.
Aquel día se presento de arranque complicado. Habia un brote de fiebre en la ciudad y los padecientes no paraban de llegar. Niños, adultos, ancianos. El hospital reventaba y Susana corría. Volaba en un remolino de vendas frías y ungüentos. Se aguantaba el llanto tragando mares. No dejaba jamas que la congoja de la calamidad le impidiera hacer su trabajo, ese que tanto amaba.
Perfilaba la tarde. Los últimos convalecientes ya estaban instalados y en la sala pesaba un silencio agotador. Sentada de costado a la ventana, Susana cambiaba las vendas de un joven que volaba de fiebre y temblaba de frío. Llevaba tres mantas que no llegaban a abrigarle el dolor. El lloraba. Ella no. Ella susurraba hermosas palabras de cariño, ignorando por completo la presión de su pecho.El joven se agarraba desconsolado a las faldas de su ángel. Un ángel caído. Sollozaba, temblaba, sudaba. Ya no alcanzaban ni las mantas ni las vendas para quitarle el frío de los huesos. No sabiendo mas que hacer, Susana se acostó a su lado. Abrazo al joven como una madre acunaría a un niño pequeño. Le echó cuanto pudo su cuerpo encima, regalándole a la vez su calor y protección. Y allí, hundido en un mar de lagrimas, sudores y terrores, el ángel caído contuvo al joven y a los otros 29 enfermos que había a su alrededor.< Nadie va a morirse hoy>
Susana sabia que nunca jamas se inventaría medicina mas poderosa que la propia Humanidad.
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El ángel caído recobra la vida
Le sangran las manos, se lame la herida
No olvida, no deja que el viento apague
El fuego que hay en su interior
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