
El pasto amarillo es el quemado. El verde que queda de pie parece mirarlo de reojo y mostrarle un gesto burlón. La llanura es tan chata e inmensa que, si no se supiera lo contrario, se diría que es todo lo que existe.
Me estrello contra la realidad, desprendida por siempre de mi pacífica ensoñación cuando aparece el boletero (¿aún los hay?). Le consiento examinar mi pasaje y recién ahí advierto que hay policías entre nosotros. El tren va custodiado, váyase a saber porque. La falacia de que en el campo no hay inseguridad se diluye y desaparece.
Muy a pesar de quienes la interrumpimos, a ambos lados continua la llanura, impresionantemente plana.
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ExpressAte sin aluciones político-religiosas malintencionadas. Gracias!