viernes, 9 de junio de 2017

La mochila (o un cuento para Soltar)

Sola. Sucia. Gastada. Ajada por el tiempo y el clima. Sola. Sucia, gastada y sola. Abandonada. Sin dueño aparente. Parece estar llena de cosas pero esta sola. 
Tirada en medio de la vereda, en plena plaza, mas cerca del cordón que del suave césped, parece mirar a los peatones con cara de perro abandonado. No dice nada, pero esta ahí, sola.
Un trío de niños en uniforme escolar pasan a su lado y uno de ellos le propina una patada inconsciente, de esas que se ganan también las tapitas de gaseosa y las piedritas de jardín. No dice nada, apenas se mueve. Absorbe el golpe como algo propio, cotidiano. 
Detrás de ellos pasan trotando un dúo de obreros, temerosos de perder el colectivo que apenas aguardara unos segundos mas y luego, al verlos llegar a su puerta, se ira. No la ven, claro, para que hacerlo, si esta sucia y abandonada.
Se acerca la hora pico. El trafico aumenta. Las masas amorfas de gente distraída que viene y que va a ninguna parte, aumenta. Aumenta el mal humor, la prisa, las corridas. El volumen de toda la ciudad aumenta. Pero ella seguirá ahí, firme, preparada para un sin fin de pisotones y empujones a punta de zapato que la moverán de un sitio a otro. Ninguno donde quiera estar. Sucia y sola. Abandonada.
¿Como es que nadie la reclama?, ¿nadie intenta arrebatarla de su cruel desolación?, ¡¿nadie quiere siguiera robársela?!, ¿que tiene de mágico aquella sucia y gastada mochila que permanece ahí, perpetua, aislada, inconexa?.
La curiosidad pudo mas. Me acerque, temerosa de tocarla apenas y que grite, se queje, me pida que la deje en paz, en su abandono eterno. Pero no chillo. Tampoco nadie vino a quitármela, a proclamarse dueño de ella.
La tome en mis brazos y la apreté con fuerza. La acune, consolando su angustia y la mía. Me aleje unos pasos, todabia esperando al posible monstruo que la había abandonado. 
Pasaron unos cuantos minutos, casi un cuarto de hora, hasta que reuní el valor necesario para abrirla. Deseaba hurgar profundo en ese mundo oscuro y desolado, desconocido. Papeles, mas papeles. Una botella de agua vacía. Una campera impermeable rosa. Envolturas de caramelos ácidos. Cigarrillos. Mas papeles. Un sobre. Una carta. Puño y letra. Una sola frase. "Te espere. No llegaste. Adiós para siempre".