Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas de noviembre, 2017

La soberbia de creerse capaz.

"Soy una fuerza extraña, pero creo en el amor", lee Laura, para sus adentros, mientras escucha resonar el silencio en la habitación. Es un placer egoísta, mezquino, arrogante y solitario, pero le encanta que así sea. La soberbia de creerse capaz de vivir mil vidas, de recorrer mil paisajes, habitar lugares increíbles y volver a la realidad solo para descubrirse memorizando frases como aquella. Quien no quisiera vivir esos "líos inverosímiles" en los que se metía la Maga, refugiándose luego en el pecho dubitativo de Horacio, pensó. Levanta la vista solo para soñar despierta, para ver las hojas de los arboles moviéndose violentamente al otro lado de su ventana y regocijarse en el placer de estar ahí, semi-acostada, despeinada, en ropa interior, con esas paginas entre manos que no hacían mas que licuar el tiempo, evaporarlo, desintegrarla a ella y al mundo. Y mientras mas párrafos acumula en su mente mas se retuerce en su sillón. Sonríe con descaro, con suficiencia. Son…

Quiero ver amanecer, del otro lado...

"(..)Llegando al edificio pudo ver, desde la esquina, la luz de su habitación prendida. No podía ser mala señal. Debe estar despierta, pensó, quizás incluso levantada. El corazón le dio un vuelco, latiendo cada vez más fuerte. Se apuró a cruzar. Portafolios en una mano. Bolsa y ramo en la otra. Por poco esquivo el auto que venía doblando. Se precipito torpemente a entrar, sin darse cuenta de que otra vez salía la vecina. Sus cuerpos chocaron de costado, empujandola a ella contra la pared, pero Esteban no se detuvo. Subió las escaleras de dos en dos, casi corriendo, sin mirar atrás, sin ver que su vecina se frotaba el hombro adolorida por el golpe recibido y lo seguía con la mirada en su espamentosa carrera hacia el último piso.
Dejo todo lo que traía sobre la mesada, agarro las flores y entro en la habitación con gesto galante. Eleonora estaba despierta, pero se había hecho un bollo en la cama, tapada con varias mantas y debajo de todo eso, lloraba. Esteban se frenó en seco, apoy…

Querido Juan:

La memoria selectiva puede llegar a ser una maldita. Uno se destripa el cerebro, se desgarra pedazo a pedazo la materia gris intentando formar un recuerdo completo y la muy tacaña suelta flashes, imágenes, palabras solitarias dichas en momentos rodeados de niebla. Estoy segura de que estábamos en cuarto grado, con la señorita Mirta. Pollera gris y chomba celeste, ustedes pantalón y la misma chomba. Todavía no sufríamos las miserias de la camisa blanca y la corbata escocesa. De ese año recuerdo que me iba pésimo en los dictados, y que nunca llegue a aprender a dividir por 3 cifras. Recuerdo también al director Coluchi, al cucharon de madera, a la lagartija del laboratorio que ustedes liberaron en el patio y quedo clavada en una pared, amenazada por un escobillon. Recuerdo los recreos. Y en ellos, los albums de stickers que llenábamos e intercambiábamos. Si tenían brillo o relieve valían doble. Vos te sentabas al lado mio o enfrente. Desafiante. Confiado de tener stickers que a mi me g…

#FRAGMENTOS

"Cierto día, como quien no quiere tal cosa, Jose me pregunto si me podía acompañar a casa. Sabia donde vivía y que volvía caminando, así que decidió que necesitaba compañía. Intente decirle que no hacia falta, pero no escucho. Como si tuviera el destino pre grabado en su GPS mental, inicio la marcha a mi lado. Caminamos en silencio, uno al lado del otro. No sabia que decirle. Siempre fui muy tonta para el amor. (...)"
FRAGMENTOS CAPITULO 4

De luces y sombras

Abelardo camino despacio hacia la puerta balcón de su habitación. Aun llevaba pijama y pantuflas que arrastraba con solidez. Observo el paisaje verde y fecundo que le devolvía el exterior y constato, no con poca sorpresa, que por fin había dejado de llover. Habían sido semanas y semanas de pesadas tormentas y precipitaciones continuas. Las cuatro esquinas en las que convergía la vista de su ventana habían permanecido inundadas por días. Anegadas las calles. Ahogados los nidos de palomas. No existió sonido alguno mas que el retumbar de las gotas, como balas, en los techos y toldos.  Sordos ruidos que oír se dejan. Abelardo creyó que no podría salir jamas de aquella habitación, que la tormenta no pasaría y que debería haber ideado un plan para sobrevivir a lo que podría ser, con suerte, el diluvio universal.
Sin embargo, cuando despertó esa misma mañana, oyendo a los pájaros revolotear cantando en su ventana, una extraña sensación de silencio lo envolvió. Aquellas cotorras hacían basta…