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Mostrando las entradas de enero, 2018

La casa de papel

"Bailar. Los músculos. EL pelo rubio. El acento francés. ¿Sabes que me parece sexy a mi?. La inteligencia. Sabes que te habla y no puedes evitar admirarlo. Da igual que sean altos, bajos, feos, guapos. Me pone tan cachonda que me hablen de cosas que no se."  (La casa de papel)
Ursula sabe de lo que habla. Ha vivido muchos tipos de amores. De los que son tan guapos que desbordan vanidad hasta el hartazgo. De los menos llamativos, tímidos, que viajan a velocidades mínimas pisando pantanos. De los bajitos, gorditos. De los aburridos. De los superficiales. Ursula ha visto todo y no se ha quedado con nada. Y es que el diálogo lo dice claro. Los músculos se caerán, el pelo se volverá una calva brillante, el acento se perderá en las profundidades del oído acostumbrado. Se perderán las ganas de bailar. Y luego qué?. Pues luego, la inteligencia. La fortuna de poder asombrarse, descubrirse parte de un diálogo increíble. El magnetismo hipnótico de una boca que se mueve hablando de lo q…

Espectral

Sintió que ya había estado ahí. La inconfundible sensación de familiaridad con el ambiente la abrumaba. No tanto por el reconocimiento de objetos y escenarios sino por como la hacían sentir. Ya había estado ahí. Sin duda. Flashes de recuerdos recortados al pozo mas profundo de la memoria venían ahora a reavivar lo que alguna vez fue. Imágenes en las que se veía a ella misma parada justo frente a ese banco, poniendo justo esa cara, pensando en lo inverosímil que resultaba haber terminado justo allí. Breves ráfagas de frío le ponían la piel de gallina. Elisa estaba segura de haber pisado esa calle alguna vez, de haber visto ese árbol, con esos frutos tan violetas y haberse preguntado que serían. Sintió que desandaba sus propios pasos. Sin embargo, era incapaz de formular un recuerdo entero de ese sitio, ubicado en su propio tiempo y espacio. No había un solo momento en su vida en el que hubiera sido posible que ella estuviera ahí. Pero lo recordaba. Tan vivido. Tan real. Al doblar la e…

Despertar

La suavidad del algodón. Arrastrando los pies arriba y abajo, lo primero de lo que fue conciente, el algodón de las sabanas acariciando su piel. Necesito retorcerse un poco mas entre las telas, prolongar indefinidamente esa sensación de levedad, de tersura, de eterna delicadeza. No intento abrir los ojos, no lo necesitaba. El resto de sus sentidos estaban delirando. Inspiro profundo, extendiendo los brazos para abarcar la mayor cantidad de espacio a ambos lados, y al hacerlo, se lleno completamente el alma de frescura. El viento arrastraba esencia de lluvia, perfume de tierra mojada. Oxigeno. Volvió a revolverse entre las sabanas, disfrutando de estar en pleno contacto su cuerpo desnudo y el algodón. Afuera, la tormenta hacia cantar a los atrapasueños de madera que colgaban de la ventana. En ese único momento, no existía mejor lugar. Todavía arrastrando los pies por la sabana, se acaricio distraída los labios. Pestañeó. Al abrir los ojos, ya rozaban sus dedos una sonrisa. 

Has dicho...(risas)

Ofelia reía. Desparramada en el piso, así como había quedado al caer. Reía tanto que se le convulsionaba el cuerpo, le ardía el pecho y le hervían las manos y las orejas. La pollera llena de volados rojos, hecha un bollo bajo sus rodillas. El moño de raso del cabello, descolgado. Sin zapatos. La piel de porcelana, violeta ya por el esfuerzo. Intento parar, respirar hondo, calmarse. Las carcajadas hacían fuerza, cual pelotón en plena avanzada por territorio ajeno, para salir de su garganta y estallar en derredor.  Parado frente a ella estaba Marcos. Impertérrito. Llevaba puesta su mejor cara de nada.  Ella sabía que el era incapaz de comprender su repentino ataque de hilaridad. Eso la hacia reír aun mas. Carcajadas arrasadoras, multicolores, polifónicas. Risotadas descaradas, egoístas, orgullosas. Ofelia reía con un propósito exacto y premeditado. Marcos odiaba esos ataques. Al cabo de una eternidad de minutos no pudo soportarlo mas y tuvo que preguntar: - ¿Se puede saber que te da ta…

Nobody said it was easy...

Y de pronto, se detuvo. Hacia horas que caminaba, casi corría, por aquel camino de tierra intransitable y abandonado. El cuerpo le dolía como nunca, tanto que podía sentir la longitud de cada uno de sus músculos. El tiempo, como en los sueños, transcurría de forma alterada. Creía que habían sido horas, pero tranquilamente podrían haber sido días, o semanas, o meses. Allí parado, en el medio de la nada que constituía su yo interior, se pregunto que debía hacer ahora. Ya no quería correr. No lo necesitaba. A diferencia del comienzo, por una vez en su vida, sabia a donde quería llegar, pero no estaba seguro de como hacerlo. Se detuvo exactamente en la bifurcación de 2 caminos. Derecha o Izquierda. Asfalto de un lado, ripio del otro. No era una decisión fácil, o segura. Sin embargo, lo que le parecía mas aterrador era saber. Estar totalmente seguro del camino que debía seguir y aun así temer. Se sentó exactamente en el punto medio entre ambos senderos. Cruzo las piernas. Estiro el cuello…