domingo, 21 de enero de 2018

Espectral

Sintió que ya había estado ahí. La inconfundible sensación de familiaridad con el ambiente la abrumaba. No tanto por el reconocimiento de objetos y escenarios sino por como la hacían sentir. Ya había estado ahí. Sin duda. Flashes de recuerdos recortados al pozo mas profundo de la memoria venían ahora a reavivar lo que alguna vez fue. Imágenes en las que se veía a ella misma parada justo frente a ese banco, poniendo justo esa cara, pensando en lo inverosímil que resultaba haber terminado justo allí. Breves ráfagas de frío le ponían la piel de gallina. Elisa estaba segura de haber pisado esa calle alguna vez, de haber visto ese árbol, con esos frutos tan violetas y haberse preguntado que serían. Sintió que desandaba sus propios pasos. Sin embargo, era incapaz de formular un recuerdo entero de ese sitio, ubicado en su propio tiempo y espacio. No había un solo momento en su vida en el que hubiera sido posible que ella estuviera ahí. Pero lo recordaba. Tan vivido. Tan real. Al doblar la esquina en la calle de tierra naranja una briza con aroma a tilo la hizo frenar en seco. Las piernas le fallaron. Estuvo a punto de caer. Ahora estaba completamente segura de conocer ese lugar. Nada, pensaba Elisa, nada es tan fuerte como un recuerdo olfativo. Podía haber visto esa calle con ese árbol y esos frutos en cualquier otra parte, incluso en alguna fotografía. Pero jamas podría haber inventado el aroma a tilo que se sentía únicamente al doblar justo en esa esquina. Ahora estaba asustada. La familiaridad con el ambiente se volvió espectral. ¿Cómo es posible conocer tanto un lugar sin haber estado ahí jamas?. Se viaja con el alma...dejando el cuerpo atrás.