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#FRAGMENTOS

(...)El sol pegaba de lleno sobre el lado izquierdo de su cara. Hervida, colorada. Sabia que pronto se convertiría en un pedazo de carne ardida. No se movió. Estaba a su lado y en ese momento, justo en ese lugar era donde mas deseaba estar. Inclino el torso hasta quedar reposando en su pecho, también caliente  y con leves rastros de sudor. Aquel era un buen día, de esos que no solía experimentar muy seguido. Estaba enferma, lo sabia, pero hubiera preferido mil veces cualquier tipo de dolor físico, antes que el suyo, un dolor emocional. 
A medida que el sol bajaba a morir al mar, su felicidad también moría, pensando que quizás al despertar mañana no seria ella misma, como lo era hoy. Miro un momento el rostro de Esteban. Cuanto había sufrido ese pobre hombre, tan bueno, tan leal. Y en tanto ella viviera, el continuaría sufriendo por su causa. 
Eleonora se planteo entonces la posibilidad de morir, tal como lo hacia el sol.(...)


Fragmentos
Capitulo 12

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" El espacio es medio raro. Últimamente viene muy mezclado con el tiempo. (...) A su alma le ha sucedido espacio", le explicaba pacientemente el Dr Golo al Narrador en El evangelio según Van Hutten. La afirmación irrefutable era su especialidad. Pero ¿cuanto tiempo es suficiente para tener el espacio que necesitamos?. Es innegable que el tiempo requiere de la distancia. Si no nos separamos de lo que nos hace mal no hay tiempo que nos ayude. Aunque la mayoría del tiempo, valga la redundancia, es justamente eso lo que nos hace falta para animarnos a poner espacio. Que nos "suceda" el tiempo es bien aceptado, pero resulta brillante que ademas, nos suceda el espacio. Un profesor siempre nos decía que teníamos que aprender a darle aire a las historias, dejar que los textos respiren. Y yo creo que eso es poner espacio y tiempo. Dar aire. Respirar. ¿Y si lo trasladamos al día a día, a la vida misma?. Que nuestra rutina no sea una Oda a la Obligación. Ser conscientes, en a…

Tan valientes

Eramos tan valientes, que decidimos vivir por siempre bajo las sabanas. No escondidos, no ahogados en sofoco. No por alejarnos de nada, sino por acercarnos a todo. No por miedo, por atrevimiento. Convencidos de que no habría mejor lugar que la piel del otro. Enredados. Marañas de otredad. Sin limites fijos entre su cuerpo y el mio. Eramos tan valientes, que nos paramos al borde mismo del abismo, nos tomamos de las manos y sin mirar abajo, nos dejamos caer. La vista fija en tus ojos que se abrían, enormes, inmensos. Eramos tan valientes, que decidimos amar. 

Clementina

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