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La respuesta

Esos mismos ojos verde jade habían perseguido a Carolina la mayor parte de su vida. Verde pasto recién cortado. Verde planeta desconocido. Esos ojos que se materializaban frente a ella sin necesidad de un cuerpo. Eran, en si mismos, tan peligrosos como un inconsciente cuestionado, un Eros sin Ágape, un punto incandescente en el infinito. Ella los adoraba, aunque sabia cuanto la perturbaban. Y es que no eran los ojos en sí los que agobiaban, era él. Él y sus preguntas retoricas, sus cuestiones filosóficas, sus pensamientos tan largos, tan lentos, tan profundos. Ella deseaba hace años poder aplicar esos últimos tres adjetivos a sus besos mas que a sus palabras. Quería con él un Eros, un Ágape y un Tánatos también. Morirme contigo si me matas. Y entre todas las cuestiones que volaban sobre la cabeza de Adrian, Caro dudaba que alguna vez se hubiera preguntado acerca del amor. Parecía algo tan ajeno a si mismo, tan impropio. Sin embargo, tenia esa forma suya de acariciar, esa forma de tocar, de mirar. ¿Cómo era posible que todo aquello no se vinculara con el amor?. 

Siempre había sido él quien hacia las preguntas difíciles, esperando ver en ella una respuesta que le satisfaga. Esta vez, Caro decidió tomar la iniciativa y ser  quien saque al profeta de su tierra, intentar hacerlo temblar. Aun sentada frente a él, con la cabeza reposando en sus piernas, sintiendo las suaves caricias en su pelo, levanto la mirada y le dijo:

- ¿Para vos que significa ser feliz?

Y esperó.

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