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La pregunta

Carolina titubeo un instante. No estaba segura de que debía responder. Tampoco le quedaba cómoda la pregunta. Detestaba replicar cosas que no le apetecían, o que no le interesaban, o de las cuales no sabia nada. Adrian la miraba desde el otro lado de su mente, apacible, inmutable, expectante. Aguardaba la respuesta a su pregunta, pero de esa forma suya que tenia de aguardar, sin emitir la mas mínima vibración, sin apresurarla, dejándola cavilar hasta el ultimo segundo, hasta que Caro estalle en mil pedazos de desesperación. Sentado allí tan calmo, emulaba un arbusto de frutos rojos, firmes y relucientes, ajenos al viento y al calor. En cambio, Carolina iba y venia recorriendo la habitación como si fuera un preso a punto de subirse al patíbulo. La pregunta era capciosa, tenía que serlo. Estaba segura de que había una respuesta correcta que ella no lograba encontrar. Y es que las respuestas correctas son justamente eso, inencontrables. Tuvo que pasar aun mas tiempo, mas idas y venidas, mas miradas encontradas, mas rebusques mentales, para que por fin Carolina se diera por vencida. Sentándose lentamente a los pies de Adrían, reposo su cabeza con suavidad y urgencia en sus piernas, esperando que él hiciera lo que hizo, acariciarle el pelo con el mimo que siempre supo tener, desde chicos, desde toda la vida. Ahora él mimaba y ella miraba. Miraba sus ojos verde jade, verde cristal transparente, verde vida. Respiro hondo, con todo el cuerpo, y se desplomo.

- ¿Que queres ser en esta vida Caro?, repitió él, sonriendole ahora, sabiendo que ella lo sabía.
-  Quiero ser FELIZ. 

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