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El para siempre es solo una opción

<El mundo nos mira de lejos...>, dijo Lucia, sin previo aviso, y se cebo un mate amargo. Tenia los ojos aun pintados de negro. Desparejos. Las pestañas apelmazadas. Pasó el mate y apretó los labios. Quería seguir hablando, pero no estaba segura de que decir. La noche no había hecho un corte limpio y el día la sorprendió desnuda de escudos. Desnuda de cobijas. La ronda era corta y el mate volvió rápido. Se cebo otro. Aun con la bombilla en la boca levantó la vista y miro a Sandra, que escondida entre los tallos largos de las margaritas medio muertas parecía adormilada. Aprovecho el de reojo y paseó la mirada hasta la hamaca del patio. Nico dormía desplomado. Desordenado. Increíble. Ajeno a todo lo que pasaba en el rellano del comedor. <... y yo queriendo tenerte tan cerca. Tan ciego>. Sandra espabiló y agarro el mate que le pasaban. Nico dormía. Iridiscente. Lucia apretaba los labios. La noche, tan larga, tan sobria, se encaprichaba en perdurar. El mate amargo. Los tallos largos de las margaritas medio muertas. El amor que por ahora no es. Y digo, por ahora. A propósito. Porque el para siempre es solo una opción. 

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Espacio y tiempo

" El espacio es medio raro. Últimamente viene muy mezclado con el tiempo. (...) A su alma le ha sucedido espacio", le explicaba pacientemente el Dr Golo al Narrador en El evangelio según Van Hutten. La afirmación irrefutable era su especialidad. Pero ¿cuanto tiempo es suficiente para tener el espacio que necesitamos?. Es innegable que el tiempo requiere de la distancia. Si no nos separamos de lo que nos hace mal no hay tiempo que nos ayude. Aunque la mayoría del tiempo, valga la redundancia, es justamente eso lo que nos hace falta para animarnos a poner espacio. Que nos "suceda" el tiempo es bien aceptado, pero resulta brillante que ademas, nos suceda el espacio. Un profesor siempre nos decía que teníamos que aprender a darle aire a las historias, dejar que los textos respiren. Y yo creo que eso es poner espacio y tiempo. Dar aire. Respirar. ¿Y si lo trasladamos al día a día, a la vida misma?. Que nuestra rutina no sea una Oda a la Obligación. Ser conscientes, en a…

Tan valientes

Eramos tan valientes, que decidimos vivir por siempre bajo las sabanas. No escondidos, no ahogados en sofoco. No por alejarnos de nada, sino por acercarnos a todo. No por miedo, por atrevimiento. Convencidos de que no habría mejor lugar que la piel del otro. Enredados. Marañas de otredad. Sin limites fijos entre su cuerpo y el mio. Eramos tan valientes, que nos paramos al borde mismo del abismo, nos tomamos de las manos y sin mirar abajo, nos dejamos caer. La vista fija en tus ojos que se abrían, enormes, inmensos. Eramos tan valientes, que decidimos amar. 

Clementina

Pablo atravesó las inmensas y macizas puertas a paso tembloroso. Apenas podía contener el aliento. El corazón se le escapó por la garganta. El ambiente olía a tabaco fuerte. El sudor frío le erizaba la piel de la nuca. <La vida es eso que pasa cuando cruzamos una puerta>, pensó, y juntó valor para enfrentar lo que fuera que encontrara al final del pasillo. No sabía que esperar. Se había preparado para lo peor aunque esperaba, rogaba por lo mejor. Camino lento, alargando los minutos como quien raciona agua en el desierto. Camino recto, decidido, con aplomo de soldado y espíritu de niño ilusionado. Camino, porque ya estaba demasiado lejos de la entrada. Las molduras de mármol daban al lugar ambiente a mausoleo, a historia, a pasado. Los tablones de madera crujían a cada paso, insoportable rechinar de clavos oxidados. Nunca entendió la fascinación de Clementina por esas tumbas vivas, esas tremendas moles olvidadas, habitadas por necios insectos aristocráticos. Sin embargo, camino, …