jueves, 18 de mayo de 2017

Charol y cachemir (1)

Era tarde. Lo se. Era tarde y estaba oscuro. Tormentoso. Tempestuoso. Era tarde pero quería salir. Habia estado encerrada tantas horas, torturada por mi escasa concentración que solo pensaba en bajar las escaleras que me separan de la calle. Bajar, atravesar el umbral y salir. Cruzar la bicisenda, luego la calle y llegar a la otra esquina. A la heladería. Sentarme en el banco de la entrada y comer mi helado con total parsimonia. Pensar en nada. Y eso hice. Por lo menos al principio. Pedí mi vacito de chocolate amargo y me senté afuera en la vereda, dispuesta a no pensar.
En eso estaba cuando, desde el fondo de mi conciencia, asomó un atisbo de lucidez y me percate de que el semáforo parpadeaba insistente en amarillo. Latía. Gritaba. Palpitaba en amarillo. 
Habia estado encerrada muchas horas. Eso ya lo dije. Pero el semáforo latía en amarillo. Mire alrededor. Era mi esquina, la de siempre. La intersección de mis dos calles. Mi casa. Mi cuadra. Y estaba claro que algo andaba mal. Algo no estaba en su lugar. Mire con mas atención. Era tarde y estaba oscuro. Tormentoso. Una espesa bruma flotaba sobre el asfalto dándole al ambiente mayor tortuosidad. El semáforo insistía en palpitar. La esquina estaba desierta. Quizas por la hora. Era tarde y estaba oscuro. Me encandilaron los faroles blancos de un auto, arrancándome violentos de mi ensoniacion. Se acercaba desde lejos. Lento. Avanzaba hacia mi en linea recta, rodando sobre la bicisenda con toda comodidad. Al llegar a la esquina, freno de golpe, haciendo chillar al pavimento. El agudo sonido me erizo la piel. Me congelo. Yo comía. Mordía. Tragaba. Tosía. Escalofríos. El chillido del asfalto. El semáforo en constante amarillo. La espesa bruma. Las luces incandescentes del auto parado ahora frente a mi. 
La puerta del conductor se abrió y por un momento imagine bajar un hombre enorme de traje negro portando una colosal ametralladora con silenciador. Pero no, claro. Era tarde y estaba oscuro. En su lugar, asomaron unas delicadas piernas, enfundadas en tacones de charol.

Continuara...