lunes, 26 de junio de 2017

Requiem de un desterrado (parte 2)

Rolando detesto al Oso desde el primer día en que lo vio en su casa, en su silla al lado de Dolores, compartiendo sus galletitas de limón. Luego lo odio más cuando tuvo que pasar la noche entera en su propio cuarto, solo, mientras aquel dormía con su madre. Lo maldijo aún más cuando ya no pudo quedarse solo en casa y disfrutar de sus pasatiempos secretos. Su vida ya no era la misma. A donde fuera con su madre ahí estaba él, agarrándola de la nuca, apoyándole su brazo transpirado en sus dulces hombros, gritándole que hiciera más terere. No podía evitar observarlos desde el descanso de la escalera, achinando los ojos, envuelto en llamas de odio, acumulando toneladas de rencor, mientras éste la abrazaba por la espalda y le mordía la oreja.

Rolo no era un crio violento, o eso dijo la psiquiatra que lo atendió recién llegado al correccional de menores. No era violento ni dañino. Quizás, prosiguió, tal vez con el tiempo hubiera aprendido a controlar los celos.
Quizás sí. Aunque la doctora no sabía que desde el primer momento en que lo vio, Rolando quiso acuchillar al Oso, arrancarle el corazón con un sacacorchos, cocinarlo a fuego lento y servírselo a Dolores entre dos panes.
Psicópata, maníaco, desequilibrado, obseso, perturbado, demente, chalado, chiflado. Cualquiera de las antedichas es correcta. Rolando estaba loco. Era un loco de 13 años con acceso a un sacacorchos y buena puntería. Un loco obsesionado con su madre. Un loco que un día de lluvia y barro, sorprendió al enorme Oso medio borracho y aprovechando la ventaja etílica, le partió la cabeza de un botellazo y le descorcho el pecho de un solo tirón.
Minutos después, al acudir Dolores a la escena del crimen, lo encontró limpiándose la cara con el mantel a cuadros del desayunador. Atónita, furiosa y fatigada, reprendió a su hijo por el desorden.
-          Nunca puedo tener nada propio sin que lo arruines, le dijo, más te vale que limpies todo antes del almuerzo.

Es una lástima que segundos antes de eliminar por completo la evidencia y desaparecer el arma homicida, cayera la patrulla, alertada por la chusma. Luces azuladas, bolsa negra, pruebas químicas, esposas. Tiene derecho a guardar silencio, cualquier cosa que diga será usada en su contra y bla bla bla.

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Así fue como Rolando termino festejando su cumpleaños en el penal de infantes. Dolores logro meter a escondidas una velita, y un sacacorchos, “por las dudas de que estos mocosos sean maleducados”.
Juntos cantaron la canción y luego Rolo deseo ser un ave, para poder salir de allí y volar muy alto, siempre claro, alrededor de Dolores.


FIN.