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Andate nomas, Ricardo.

Clementina me miraba aun con ojos desorbitados. Si, me voy, repetí para ver si salia del lapsus. Me voy para no volver nunca mas. Acá no tengo nada, no soy nadie. Debo encontrar un lugar donde pueda existir como yo deseo. Mi propia existencia. Encontrar mi esencia. Ella seguía mirándome fijamente, con esos ojos de miel espesa que sabia mantener abiertos sin pestañear. No se movía. Observaba mis movimientos como quien mira una pintura en un museo, desde lejos. No se que mas queres que te diga. Quiero encontrarme a mi mismo. En esta casa no puedo respirar. Necesito salir al mundo, vivir. En eso la veo respirar hondo. Levanta los brazos por sobre su cabeza, entrelaza los dedos, contiene el aire encerrado en su estomago. La veo cerrar los ojos, brazos aun alzados, movilizar el cuello de izquierda a derecha, metódica. Deja caer ambas extremidades a la vez. Suelta el aire con fuerza. Abre los ojos lentamente. Su mirada ha cambiado. Seria. Casi, podría decirse, fastidiada. 
Mira Ricardo,dice muy lento, es la quinta vez que escucho todo este cantito existencial. Si queres irte, andate nomas. Me haces un favor. Estoy harta de juntar tus porquerías, harta de bancarme a tus amigos y el despelote que hacen. Si lo que queres es irte, andate de una vez. Lo único que te pido, por favor, es que le avises a mama donde vas a estar, así no me taladra la cabeza preguntándome por vos!


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