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Leonora

Eran tiempos de guerras frías y turbulentas. Leonora viajaba de un pueblo al otro, escapándose de una vida que no le pertenecía. Había sido campesina, tejedora, costurera, cocinera y hasta carpintera, pero nada pudo hacer con su lenguaje. Ese sucio y rebelde lenguaje que le ocasionaba tantos problemas. Porque si Leonora tenia un defecto era el de no poder callarse la boca. Quizas si hubiera vivido en tiempos de posmodernidad hubiera podido aprovechar mas esa lengua suya con fines artísticos, vanguardistas. Pero en los tiernos años 40 ni las reminiscencias de la Francia libre podían esconderla de las sombras que ponían precio a su cabeza. Para colmo de males, se le fue a dar por enamorarse del hombre mas buscado de Europa. Un rebelde con causa que iba de acá para allá enardeciendo masas, enunciando las soluciones al fascismo, enalteciendo las ventajas del liberalismo. Todo muy romántico. Leonora y él se hicieron inseparables compañeros de lucha, de huidas, de revueltas. Ella tenia menos miedo que él, era el carisma, la belleza y el buen gusto del dúo explosivo. Él, por otro lado, poseía las armas.
Cierto es que un comportamiento tan errante y volátil no podía mas que durar solo un tiempo. El reloj pasa, los órganos envejecen y una mujer no puede darse a la rebeldía por siempre.  Morir por la patria es cosa de hombres, pensó. Y al fin se estableció en una pequeñísima casita de campo en un pequeñísimo pueblo de algún lugar de los Alpes, donde aguardo a que las guerras terminasen para poder plantar tulipanes en su jardín. O al menos eso fue lo que todo mundo creyó...

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Espacio y tiempo

" El espacio es medio raro. Últimamente viene muy mezclado con el tiempo. (...) A su alma le ha sucedido espacio", le explicaba pacientemente el Dr Golo al Narrador en El evangelio según Van Hutten. La afirmación irrefutable era su especialidad. Pero ¿cuanto tiempo es suficiente para tener el espacio que necesitamos?. Es innegable que el tiempo requiere de la distancia. Si no nos separamos de lo que nos hace mal no hay tiempo que nos ayude. Aunque la mayoría del tiempo, valga la redundancia, es justamente eso lo que nos hace falta para animarnos a poner espacio. Que nos "suceda" el tiempo es bien aceptado, pero resulta brillante que ademas, nos suceda el espacio. Un profesor siempre nos decía que teníamos que aprender a darle aire a las historias, dejar que los textos respiren. Y yo creo que eso es poner espacio y tiempo. Dar aire. Respirar. ¿Y si lo trasladamos al día a día, a la vida misma?. Que nuestra rutina no sea una Oda a la Obligación. Ser conscientes, en a…

Tan valientes

Eramos tan valientes, que decidimos vivir por siempre bajo las sabanas. No escondidos, no ahogados en sofoco. No por alejarnos de nada, sino por acercarnos a todo. No por miedo, por atrevimiento. Convencidos de que no habría mejor lugar que la piel del otro. Enredados. Marañas de otredad. Sin limites fijos entre su cuerpo y el mio. Eramos tan valientes, que nos paramos al borde mismo del abismo, nos tomamos de las manos y sin mirar abajo, nos dejamos caer. La vista fija en tus ojos que se abrían, enormes, inmensos. Eramos tan valientes, que decidimos amar. 

Clementina

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