martes, 8 de agosto de 2017

Nuestro Loco


Era como si el tiempo no hubiera pasado en absoluto. Como si se hubiera detenido, frenado, estático, congelado. Recorrí las calles de tierra a paso lento, detenido, prestando atención a cada detalle, a cada aroma, color. Haciendo un conteo a grandes rasgos, diría que cada piedra de cada cantero estaban en su lugar. También los arboles, las plantas, los cestos de basura y los postes de luz. Sobrevivían los perros callejeros y los locos. En todo pueblo pequeño hay una manada de perros y un loco. El nuestro era inofensivo, ocurrente, inteligente. Nunca supe que había sido de su vida antes de volverse loco, de creer a fe ciega en las grandes conspiraciones espaciales y la revelion de las estrellas. En mas de una ocasión logre percibir comentarios sagaces, afirmaciones que daban a entender que aun en algún lugar de esa cabecita había un conciente. Solía cargar libros que iba repartiendo. Tenia decidido de antemano a quien y porque. Era un loco cuerdo. Salvo que el tiempo se lo trago. Lo mastico. Lo deshizo en sus ramas y no lo devolvió. Nadie sabe donde esta el loco. Hace mucho que no se lo ve. Nunca supieron, supimos, donde vivía. Ahora, nadie lo busca.