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Parole

En el cielo las estrellas, que brillaban descaradas su plateada existencia. En el campo las espinas, camufladas entre el pasto aguardando atrapar desprevenidas las almas peatonas. En las copas de los arboles, las gordas y emplumadas lechuzas, tan chusmas como siempre, retorcíanse mas y mas para no perder de vista el espectáculo. Hilario y yo paseábamos de la mano. El iba mudo, yo tarareando. El tan descalzo, yo tan ausente. Madre se empeñaba en que yo pasease con Hilario. Como si aquello pudiera despertar algún atisbo de placer. Y es que quizás sea de buena familia pero nadie le había enseñado jamas el fino arte de la charla. Paseamos, entonces, por los campos, entre los arboles de lechuzas y luciérnagas. Seguí tarareando para evitar el tremendo silencio y él pareció disfrutarlo. Nunca pude deducir que debía pensar o sentir pero entonces su mano apretó con mas fuerza la mía, no sin ternura, casi con pasión. Seguí tarareando, esta vez a plena razón, tanteando límites. Hilario sonrió. Era una sonrisa plena, sincera, luminosa. Entonces comprendí que por mas que amase como amaba las palabras y su buen uso, éstas no eran el único medio para comunicarse con otros. Los silencios podían, de alguna forma, resultar provechosos si se los administraba mezclados con tarareos pegajosos e intensas miradas. Con Hilario no hacían falta las palabras. Su mano libre alcanzo mi espalda. Sin anticiparlo, me encontré bailando al son de mi propia melodía. Paso, junto, giro, giro. Tumbados en la hierba con espinas Hilario me explico sin palabras todo lo que era necesario comprender. Un silencio omnipotente nos protegía...

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Espacio y tiempo

" El espacio es medio raro. Últimamente viene muy mezclado con el tiempo. (...) A su alma le ha sucedido espacio", le explicaba pacientemente el Dr Golo al Narrador en El evangelio según Van Hutten. La afirmación irrefutable era su especialidad. Pero ¿cuanto tiempo es suficiente para tener el espacio que necesitamos?. Es innegable que el tiempo requiere de la distancia. Si no nos separamos de lo que nos hace mal no hay tiempo que nos ayude. Aunque la mayoría del tiempo, valga la redundancia, es justamente eso lo que nos hace falta para animarnos a poner espacio. Que nos "suceda" el tiempo es bien aceptado, pero resulta brillante que ademas, nos suceda el espacio. Un profesor siempre nos decía que teníamos que aprender a darle aire a las historias, dejar que los textos respiren. Y yo creo que eso es poner espacio y tiempo. Dar aire. Respirar. ¿Y si lo trasladamos al día a día, a la vida misma?. Que nuestra rutina no sea una Oda a la Obligación. Ser conscientes, en a…

Tan valientes

Eramos tan valientes, que decidimos vivir por siempre bajo las sabanas. No escondidos, no ahogados en sofoco. No por alejarnos de nada, sino por acercarnos a todo. No por miedo, por atrevimiento. Convencidos de que no habría mejor lugar que la piel del otro. Enredados. Marañas de otredad. Sin limites fijos entre su cuerpo y el mio. Eramos tan valientes, que nos paramos al borde mismo del abismo, nos tomamos de las manos y sin mirar abajo, nos dejamos caer. La vista fija en tus ojos que se abrían, enormes, inmensos. Eramos tan valientes, que decidimos amar. 

Clementina

Pablo atravesó las inmensas y macizas puertas a paso tembloroso. Apenas podía contener el aliento. El corazón se le escapó por la garganta. El ambiente olía a tabaco fuerte. El sudor frío le erizaba la piel de la nuca. <La vida es eso que pasa cuando cruzamos una puerta>, pensó, y juntó valor para enfrentar lo que fuera que encontrara al final del pasillo. No sabía que esperar. Se había preparado para lo peor aunque esperaba, rogaba por lo mejor. Camino lento, alargando los minutos como quien raciona agua en el desierto. Camino recto, decidido, con aplomo de soldado y espíritu de niño ilusionado. Camino, porque ya estaba demasiado lejos de la entrada. Las molduras de mármol daban al lugar ambiente a mausoleo, a historia, a pasado. Los tablones de madera crujían a cada paso, insoportable rechinar de clavos oxidados. Nunca entendió la fascinación de Clementina por esas tumbas vivas, esas tremendas moles olvidadas, habitadas por necios insectos aristocráticos. Sin embargo, camino, …